miércoles, 31 de diciembre de 2014

Nos falta el suelo

Estrújame fuerte cuando caigamos.
Agárrate a mis huesos enteros.

Engánchate.

Asume como nos prensamos
entre el desvanecimiento
y la más intensa de las locuras.

Aferrémonos
al espacio de nuestros gritos.

Que las andanadas
vayan en las miradas.

Que nadie pensó,
que nadie imaginó nada.

Y ahora me atrevo a decir,
esta vida no será nada
si no nos caemos hasta el fondo.

Albores

La memoria es un bálsamo, ella lee mis poemas.
Está silencioso el aire, mis contradicciones viven en sus latidos.
El universo quedó inmóvil en aquel beso rodeados de frío.
El universo quedó inmóvil y vacío.

¿Habrá nevado esta noche al pie de la sierra?

Me acurruqué esperando que alguien trajera
un espejismo de ti,
para seguir con las palabras.

Esperaba algo que me hiciera sentir mejor,
solo recordaba
nuestros dioses paganos.

El templo al lado del mar.
Tus ojos cerrados.
El segundo en el que titubeó la llama.

Me siento griego.
El aire se aviva las noches
suspendido entre lamentos.

Oh, polvo de fuego.
¿Dónde estoy?

Se me amoratan los labios
de besar ocasos en los
acantilados.

¿Dónde estás?

Prosigo entre la incertidumbre oscura
y recuerdos de mi experiencia.

Más que amor
te mando mi apetito.
Necesito adorarte,

Suspiros estériles,
incoherentes y nebulosos.

Deseo tus márgenes incompletos
a deshora,

Tu demora en el placer.

Procuro ser el estímulo
que sondee tus riberas.

Aquel que descifre
tu fondo más
impenetrable.




Feliz culo dos mil quince

Feliz culo dos mil quince.
Desde la plataforma petrolífera más absurda
despegué una vez con un helicóptero
hasta una isla desierta.
La angustia era menor estando solo que adentro de la civilización.
Al menos aquí no hay internet ni teléfono
y puedo pensar en lo que me sirve.

La supervivencia.

Acumularé experiencias solitarias y mi cerebro dirá lo que tenga que hacer, nadie más.

Feliz culo dos mil quince.

Ojalá ningún ansia me haga volver a equivocarme.
¿Sabré asumir lo que me pareció complicado?
Obviarlo. No negarlo.
Esto es más duro cuando nos lo hacemos difícil.

Maldita enfermedad.
Aturdido.
Odio.
Mentira.

Feliz culo dos mil quince.

lunes, 29 de diciembre de 2014

En Hesperia

La mañana de invierno alarga las sombras. Amo la claridad de este día desde mi atalaya de voyeur. Camino y mientras tanto pienso que la posesión es lucha que el placer es obsesivo y que, entonces, la posesión vuelve a ser una mentira. Ahora, el latido de las venas se hace más constante, busco un sentido a lo que pienso, reviso alacenas de mi memoria para volver a ver objetos que me recuerden a ti, que huelan a tu esencia.
Las esperas se alargan indefinidamente, el agua corre por un jardín entre naranjos, La mañana va ocupando poco a poco tu cerebelo de mitos y de luces. Pasaron minutos, me senté a escribir. ¿Qué hacer si tu fragancia está en todas partes? ¿Por qué te descubro en el movimiento de las hojas?
No hay pastillas para aletargarme, el cerebro es un bucle de universos.
Gime, te oigo.
Aúlla, voy detrás en el camino donde las sombras son más extensas.

domingo, 28 de diciembre de 2014

Mar otra vez

Te observo enloquecida paseándote por mis sueños. Me va a dar algo o quizá solo es mi cerebro de los trece años. Eres lo que más deseo. Te manipulo y me anego o me ahogo, la semántica o los significados oscuros de las palabras. No tengo secretos para ti, lo sabes todo, confieso que lo sabes todo de mí. Miro tus fotos, ahogo una blasfemia en mis dedos, miro tus ojos. No me reconduzco pero tengo cierto alivio. Un verdadero alivio que sangra por todas partes. Ya no paseo ni corro como hacía, tomé la perspectiva de la ilusión y creí que podía hacerlo pero lo abandoné a los tres meses, no llegué a acabar el año.

Te observo en maniobras, en embites, en posturas, en piel, en la sangre detenida, en la sangre que fluye más rápido. Me encandiló tu alma, me fascinó tu ser, trato de sacar la cabeza del mar, quiero dejar de ser un pez pero no sé que quiero ser. Quiero dejar de ser un pez o dejarme caer hasta los fondos esos que llaman abisales y donde no llega la luz, como a ti te gusta, en penumbra y que brillen los ojos o que se sientan las agallas o ....
Es una locura.

No puedo describirte. No me llegan tantas palabras a la cabeza, no lo considero importante, es lo que hay, es lo que somos.

Lo que quiero no puedo hacerlo y lo que no quiero hacer lo hago. Debería vivir en el hotel de El Resplandor a ver si consigo escribir la novela de mi vida y luego quemarla para renacer de mis cenizas, al menos ser un retazo, unas frases bien escritas, un trocito estrecho de cielo donde poder ver un azul diferente.

Un azul con el mismo tono de tus ojos.

La garganta se me seca, es como si estuviera en tu lugar, es como si llegara otra pequeña muerte sin haber podido beberme la vida. Tu vida.

Un poco de relajación. Una habitación caliente. Una bañera enorme con espuma hasta los bordes. Un silencio y un prolongado movimiento cadencioso bajo el agua, conociendo los lugares donde la humedad no es un secreto. Reconociendo tu cuerpo. Hurgando en los recuerdos, tus palabras me llevan a todos los lugares donde no hemos estado, nuestras charlas, nuestras vidas de segundos, de verse una vez al año, de prolongar cafés sin solución de continuidad, de escondernos tras las penumbras de jardines fríos, de revolvernos en un instante entre un beso y unas manos que llevan años enloquecidas buscándote.

Y ya es de noche y sigo solo.
No veo las estrellas pero tampoco salí a buscarlas ni a mirarlas, no miro al cielo.

Te veo otra vez viniendo, otra vez, aúllas, gimes, enloqueces, fulgurante vas rápidamente por los bordes, por las alturas, te quiero, te amo, pero mis ojos me fustigan de nuevo, ohhh tu piel blanca enrojecida, tus piernas, tú, tú, tú.

Otra vez.

El mar otra vez.
Ese mar donde me acuesto esperando no respirar de una vez.

WHAT I CAN DO

Defraudo.
Instigo.

Observo y no analizo.

Destruyo.
Invoco.
Adoro.
Embisto.

No analizo.

Como.
Bebo.
Inhibo mis buenas costumbres.
Reivindico.

Fustigo sombras.
Me río de las nubes.
Espero en avenidas (repletas)
un buen augurio.

WHAT I CAN DO

viernes, 26 de diciembre de 2014

La visita

Una calle atestada de sombras, deformaciones provocadas por la retina, reflejos del ojo en los brillos sutiles sobre las piedras envejecidas. Debe ser primera hora de la tarde en primavera, la luz pasando el cenit del cielo, el alma se relaja profundamente. Quisiera que la lluvia me sorprendiera paseando por este lugar, intentando poner en orden mis pensamientos ó simplemente notando cada paso que doy como cobra sentido, al menos, un sentido limitado a mi existencia. Me gustaría narrar mejor las sensaciones que llenan mis sentidos pero estoy demasiado a gusto. Debería abandonarme por completo, mi cabeza vuelve a llevarme hacia ti.
Estoy demasiado a gusto aunque no llueva, mi sombra se va alargando con los minutos, trato de jugar con ella. Alguna sombra que entreveo creo que me mira pero sigo en mi estado indefinible, absolutamente propio y personal.
No sé si seré el único visitante del cementerio en primavera.